Cada vez que escuchamos la frase “más mujeres en la ciencia”, solemos pensar en igualdad de oportunidades, liderazgo o participación femenina en espacios históricamente masculinizados. Y sí, todo eso importa. Pero hay algo igual de importante que a veces olvidamos decir, “Cuando más mujeres hacen ciencia, también hacemos una mejor ciencia para todos”.
Lo vemos en laboratorios, universidades y territorios, donde investigadoras trabajan diariamente para responder preguntas que impactan directamente la salud, el ambiente y la calidad de vida de las personas. Muchas veces, lejos de los titulares y con recursos limitados, se generan conocimientos que terminan siendo esenciales para proteger a un país.
Un ejemplo de ello ocurre en Chile con el estudio de enfermedades emergentes. Desde nuestro proyecto FONDECYT de Iniciación N°11240509, titulado “Tifus de los matorrales, una enfermedad emergente en Chile: descifrando la competencia vectorial y sus potenciales vectores”, investigamos una enfermedad poco conocida en Chile, pero presente en el país: el tifus de los matorrales (scrub typhus), una infección causada por bacterias del género Orientia, transmitida por diminutos ácaros (parientes de las arañas) conocidos como trombicúlidos, prensentes en roedores, reptiles, aves y accidentalmente el humano.
Aunque pueda sonar lejano o altamente técnico, la pregunta de fondo es simple y profundamente importante: ¿qué organismos están participando en la transmisión de esta enfermedad en Chile y dónde se encuentran? Responder esto no es un detalle académico; significa avanzar en prevención, vigilancia y preparación sanitaria.
En mayo de 2026, tuvimos el privilegio de recibir en Chile a los investigadores brasileños Dr. Ricardo Bassini Silva del Instituto Butantan y Dr. Fernando da Castro Jacinavicius de la Universidad de Campinas, especialistas internacionales en ácaros trombicúlidos. Junto a ellos trabajamos intensamente revisando una colección de muestras provenientes de distintas zonas del país y que por años fue recolectada por el destacado investigador Dr. Daniel González Acuña (QEPD). Debido a la enorme cantidad de ejemplares disponibles, en esta primera etapa logramos analizar únicamente las correspondientes a la macrozona norte de Chile. Y los resultados fueron sorprendentes. Identificamos 15 nuevas especies de ácaros trombicúlidos, pertenecientes a los géneros Quadraseta, Carebareia y Eutrombicula. Más aún, una de estas especies nuevas resultó positiva a ADN de Orientia spp., lo que abre nuevas preguntas sobre la distribución de esta bacteria y los posibles organismos involucrados en su circulación en el norte del país.
Detrás de este hallazgo hay algo fundamental: sin investigación, estos organismos seguirían siendo invisibles para Chile. No sabríamos que existen, dónde están ni qué riesgos podrían representar para la salud humana y animal. Y cuando hablamos de enfermedades emergentes, llegar tarde puede costar caro.
Por eso preocupa escuchar propuestas gubernamentales de reducción de fondos públicos destinados a ciencia. Investigar no es un lujo ni un gasto prescindible, es una inversión estratégica. Países que fortalecen la investigación científica fortalecen también su capacidad de anticiparse a crisis sanitarias, proteger sus ecosistemas y tomar mejores decisiones.
Chile posee barreras naturales extraordinarias y una biodiversidad única, pero también enfrenta cambios ambientales, desplazamiento de especies y nuevas dinámicas de enfermedades. Si no estudiamos nuestros vectores, aquellos pequeños organismos capaces de transmitir virus, bacterias u otros organismos, los que uno suele llamar patógenos, difícilmente podremos comprender qué enfermedades circulan, cómo se expanden o cómo prevenirlas.
La ciencia no ocurre de un día para otro, requiere de tiempo, trabajo colaborativo, formación de nuevas generaciones y financiamiento sostenido. También necesita diversidad de miradas. Y ahí, nuevamente, las mujeres tenemos mucho que aportar. Porque cuando una mujer lidera investigación, forma estudiantes, crea redes internacionales y genera conocimiento útil para el país, no sólo está abriendo una puerta para otras mujeres: está contribuyendo a construir un Chile más preparado, más informado y seguro.
Más mujeres en la ciencia no es sólo una consigna, es una oportunidad para hacer una ciencia más conectada con las personas, con los territorios y con los desafíos reales que enfrentamos, cuando esa ciencia se fortalece, ganamos todos.

