En el marco de las actividades y reflexiones por el Mes de la Niñez, la académica Sandra Castro de la Facultad de Educación de la Universidad Católica del Maule extiende una invitación a las familias, comunidades educativas y a la sociedad en su conjunto a repensar el verdadero propósito de esta conmemoración. Lejos de la vorágine comercial centrada en juguetes de moda y artefactos de alto costo, los especialistas recuerdan que las raíces históricas de esta fecha se consolidaron tras la precariedad que afectó a miles de niños y niñas durante la Primera Guerra Mundial, un hito que impulsó la creación de organismos y marcos normativos para garantizar su protección, dignidad y bienestar integral.
LA INTERACCIÓN HUMANA COMO CIMIENTO DEL DESARROLLO INFANTIL
El desarrollo cognitivo, afectivo y social de las infancias tempranas no ocurre a través de estímulos virtuales, sino en el vínculo directo con los otros. Las primeras interacciones —generalmente con madres, padres, hermanos y cuidadores significativos—
constituyen el pilar sobre el cual se construye la propia identidad.
A medida que crecen, los niños y niñas amplían su entorno relacional, pero mantienen una característica central: son observadores agudos y constantes del lenguaje, las reacciones y los estados emocionales de quienes los rodean. Es a través de estos modelos de referencia como aprenden a descifrar sus propios sentimientos, a desarrollar empatía y a comprender las normas de convivencia social. Sustituir estas experiencias cotidianas por actividades pasivas frente a dispositivos digitales interrumpe un proceso formativo insustituible.
EL IMPACTO DE LAS PANTALLAS EN LA PRIMERA INFANCIA
Diversas investigaciones en el ámbito de la psicología y la neurociencia alertan sobre las consecuencias del uso no regulado de pantallas, especialmente antes de los seis años. En este período crítico, el cerebro infantil cuenta con una escasa capacidad de autorregulación y planificación madurativa, por lo que la sobreestimulación digital puede generar desatención, sedentarismo y dificultades en la gestión emocional.
Frente a la tendencia adulta de proyectar deseos de consumo o buscar soluciones rápidas mediante el acceso a tecnología, el llamado desde la UCM es a privilegiar acciones de alto valor afectivo que impactan de manera directa en el bienestar infantil:
Fomentar el juego espontáneo y compartido: Base primordial para construir una autoestima sólida y seguridad personal.
Acompañar y contener: Estar presentes para guiar a los niños en la identificación, expresión y modulación de sus emociones.
Tiempo de calidad y presencia consciente: Brindar espacios de conversación donde se sientan escuchados, valorados en sus diferencias y protegidos por un apego seguro.
Estimular la cooperación: Promover dinámicas colectivas que enseñen a convivir, compartir y respetar acuerdos en comunidad.
ALTERNATIVAS COTIDIANAS PARA CONECTAR EN FAMILIA
Para transformar este Mes de la Niñez en una experiencia significativa y libre de pantallas, se sugiere incorporar rutinas y actividades simples que activen la creatividad y el diálogo en el hogar:
Juego simbólico y dramatización: Fomentar la creación de personajes mediante disfraces, contar chistes o construir historias colectivas.
Lectura compartida de cuentos: Un espacio fundamental para enriquecer el vocabulario, la imaginación y la comprensión del mundo.
Cocina colaborativa: Involucrar a los más pequeños en la preparación de recetas simples y seguras, potenciando su autonomía y trabajo en equipo.
Arte y manualidades: Utilizar materiales reutilizables para pintar, dibujar y construir, favoreciendo la motricidad fina y la libre expresión.
Actividades al aire libre: Realizar caminatas, paseos por plazas o parques y juegos de movimiento que incentiven el contacto con el entorno natural.
Resignificar este mes implica entender que el mejor regalo que una niña o niño puede recibir no viene en una caja ni detrás de un monitor, sino en el tiempo, la atención y el afecto genuino de quienes los acompañan en su crecimiento.

