Por: Alma Calderón-López, Coordinadora del Observatorio ADA, InES Género de la Universidad Católica del Maule.
A propósito del 21 de junio, Día Internacional de la Educación No Sexista, resulta pertinente reflexionar sobre los múltiples espacios donde se construyen las desigualdades y también sobre las posibilidades de transformarlas.
Solemos pensar que la educación ocurre principalmente en las aulas, a través de programas de estudio o contenidos curriculares. Sin embargo, también educamos mediante las palabras. Como señala Edgar Morin, estas nos ayudan a construir significados y también “las palabras construyen realidades”.
Para Donna Haraway, el lenguaje no es neutro, sino que articula significados, definimos experiencias y legitimamos ciertas prácticas. María Lugones argumenta que los sistemas de dominación operan mediante la construcción de significados que se expresan en categorías capaces de moldear nuestras relaciones, percepciones y formas de conocimiento. Es por ello, se requiere una alfabetización que visibilice las desigualdades, no basta con observar hechos aislados; es necesario comprender las relaciones, los significados y los lenguajes que las sostienen y que organizan nuestras maneras de conocer y relacionarnos en el mundo.
El Glosario “Palabras para tejer la igualdad” de la UCM, nace de esta reflexión a la luz de la metáfora del tejido en crin de Rari desde una mirada colectiva que nos recuerda que la igualdad se construye hebra a hebra, gesto a gesto y palabra a palabra. Al igual que un tejido, las transformaciones culturales requieren tiempo, cuidado y trabajo compartido. No existen soluciones inmediatas para superar desigualdades que se han configurado durante generaciones y lo que sí existen, son esfuerzos cotidianos por comprender mejor nuestra realidad y construir formas más respetuosas de convivencia.
Las universidades, tienen el desafío de producir conocimiento capaz de interrogar críticamente las estructuras sociales, visibilizar brechas y generar nuevas herramientas para avanzar hacia sociedades más justas. A través de una educación no sexista ampliamos nuestra capacidad de comprender la diversidad de experiencias humanas y generar condiciones para que todas las personas puedan desarrollarse con dignidad y sin discriminación.
Quizás por eso resulta pertinente hablar hoy de palabras y así transformar nuestras prácticas, necesitamos cuestionarnos y contar con los conceptos que nos permitan reconocer aquello que deseamos cambiar. Y porque, al fin y al cabo, toda sociedad más justa comienza también por la manera en que aprende a nombrarse a sí misma.

