UNA MESA DE TRES PATAS. LA REACTIVACIÓN QUE PROFUNDIZA LA RECESIÓN

  • Dr. Dasten Julián Vejar, sociólogo e investigador en estudios del trabajo del Centro de Investigación de Estudios Avanzados del Maule de la Universidad Católica del Maule.

 

 

El informe de la llamada “Mesa de Reactivación Laboral” es preocupante. Aunque el informe incorpora propuestas relativas a empleo femenino, subsidios y capacitación, su eje regulatorio introduce medidas de flexibilización que podrían debilitar, en determinadas condiciones, la estabilidad y la protección laboral. Las propuestas de la mesa se han centrado en proponer un giro hacia el debilitamiento del marco garantista de derechos laborales, tanto individuales como colectivos, construido a lo largo de un extenso ciclo de reformas y regulaciones que involucran cerca de 35 años del desarrollo institucional del país. De concretarse, estas orientaciones favorecerían la consolidación de un mercado laboral flexible, pero también más precario y de mayor fragilidad del empleo. El supuesto de este modelo se aferra a que la precariedad será un incentivo a la contratación.

Sin embargo, la evidencia científica disponible, tanto desde el enfoque de mercados laborales duales como desde organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo, CEPAL y la OCDE, no es posible sostener de manera concluyente esta relación causal. Sino que más bien este tipo de reformas aumentan la rotación y la segmentación más que el empleo neto, lo cual va en la línea de considerar variables macroeconómicas como la demanda agregada, la productividad, las instituciones laborales, etc. Por ello, una afirmación de la relación causal entre flexibilización, contratación y reactivación da cuenta de un enfoque sustentado en postulados de carácter ideológico y dogmático, antes que en razonamientos y en el conocimiento necesario del contexto y funcionamiento del mercado laboral. Lo anterior es preocupante y, a la vez, peligroso.

Por otra parte, la composición de la mesa evidencia una marcada homogeneidad de enfoques respecto al funcionamiento del mercado laboral, limitando la existencia de contrapesos analíticos para evaluar alternativas a la reactivación del empleo. Si bien es legítimo y válido que sus integrantes sostengan determinadas posiciones y orientaciones ideológicas, el problema radica en que estas se encuentran sobrerrepresentadas, restringiendo el pluralismo necesario para abordar un fenómeno tan complejo y multidimensional. En este sentido, las propuestas formuladas responden a un marco de comprensión neoliberal del mercado laboral, el trabajo y el crecimiento económico, privilegiando instrumentos de flexibilización y reducción de regulaciones por sobre otras alternativas ampliamente discutidas en la literatura internacional. La existencia de una reorientación ideológica no constituye por si misma un problema, pero sí la intención de validarla como una instancia experta sin contar con una pluralidad disciplinaria, de enfoques, ideas, propuestas y miradas relativas al mundo del trabajo en Chile, especialmente en un contexto que exige la búsqueda de soluciones que integren la diversidad democrática para generar acuerdos sustanciales en materia de empleo. Esta es una mesa de tres patas.

Es cierto que las tasas de desempleo exhiben un problema estructural. Sin embargo, seguir insistiendo en la variable de los “costos laborales” como causa de este fenómeno no es sostenible como respuesta a un modelo cambiante y a una sociedad que ha alcanzado un sistema de bienestar básico. Chile ha asumido una serie de reformas proteccionales. El mercado laboral se está adaptando de forma dinámica, pero requiere de instrumentos pertinentes y focalizados, pensando incluso en la heterogeneidad de sectores, territorios y perfiles laborales. Por ello, si bien es necesario seguir promoviendo incentivos a la contratación, estos no pueden pasar por la restricción de derechos laborales, ni menos por la responsabilización individual del trabajador de garantizar y financiar dichos derechos. Este modelo traerá consigo las raíces de un nuevo malestar social y un conjunto de consecuencias en el plano previsional, de calidad de vida y de bienestar general de la población.

Lo que se extraña en la mesa es un diagnóstico que trascienda la explicación centrada exclusivamente en el aumento de los costos laborales y reconozca la alta complejidad que caracteriza al mercado de trabajo contemporáneo. Como lo ha alertado la literatura científica, el deterioro del empleo parece responder, en mayor medida, a transformaciones estructurales asociadas a las nuevas estrategias de reorganización del trabajo —como la polifuncionalidad, el subempleo, las plataformas digitales y la automatización de procesos—, así como a los ajustes del gasto y el financiamiento público. Ambas tendencias están removiendo los cimientos de la débil estabilidad alcanzada en el mercado laboral chileno.

En este contexto, la discusión debiese apuntar hacia políticas que promuevan relaciones laborales más estables y fortalezcan la creación de empleo de calidad, en lugar de privilegiar la creación de incentivos que flexibilicen la contratación y faciliten el despido. Una estrategia de este tipo contribuirá a contener y evitar los efectos recesivos sobre el empleo y reducir la incertidumbre, lo cual favorecerá condiciones propicias para la reactivación. Finalmente, es necesario tomar en consideración los impactos que está generando el ejecutivo con el llamado “gobierno de emergencia”, ya que sus medidas pueden profundizar la precarización del trabajo y alimentar un ciclo de protestas, especialmente ante el aumento del costo de la vida y la pretensión de sostener la reactivación económica en una mayor fragilidad del empleo y en la transferencia de riesgos hacia las y los trabajadores.

 

 

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