SEBASTIÁN HERRERA ACRECIENTA SU FIGURA HISTÓRICA EN EL BÁSQUETBOL CHILENO

  • El capitán de la Selección repasa su exitosa temporada con el París Basketball, con el que consiguió el título de Francia, además de convertirse en el primer chileno en disputar la Euroliga. Ahora, se alista para encabezar la reconstrucción del equipo y encumbrar a la “Roja Sin Mangas”.

 

Las últimas semanas de Sebastián Herrera (27) han sido frenéticas. El capitán de la Selección chilena de básquetbol no terminaba de levantar  el trofeo como campeón de la liga francesa y ya estaba viajando a Alemania a afinar los detalles de su matrimonio, para luego abordar el vuelo que lo tiene en Santiago por estos días, dando vida a la segunda versión del Campus que lleva su nombre y que organiza junto al club en el que se formó, Universidad Católica.

En medio de todo el trajín, el líder del París Basketball intenta darse el tiempo para reflexionar de la temporada que acaba de concluir, donde se convirtió en el primer chileno en jugar Euroliga. Pero, como si eso fuera poco, y pese a haber ya conocido las mieles de la gloria habiéndose coronado en el Viejo Continente en la Champions League y la Eurocopa en las dos campañas anteriores, ahora goza con la obtención de su primer título en un torneo nacional. Y ese triunfo lo atesora especialmente.

 

SU RECORRIDO POR LA EUROLIGA

 

  • Fue el primer chileno en jugar Euroliga, lo cual ya es un hito en sí mismo… Pero en ese torneo comenzó teniendo poca acción, aunque terminó viendo buenos minutos, con buen rendimiento y con buenas valoraciones estadísticas. ¿Cómo evalúa, primero, ese paso en la Euroliga?

 

Obviamente, el cambio de entrenadores este año me costó un poco, porque llevaba ya casi cinco años con el mismo técnico (Tuomas Iisalo) en tres diferentes equipos, desde Alemania y que me llevó a París para estar en este proyecto. Él se va la NBA y quedamos en el limbo porque no sabíamos qué entrenador venía y si iba a mantener a los jugadores. Fue todo con mucha incertidumbre. Llega Tiago Splitter, que es un un ex jugadorazo, campeón NBA, finalista de Euroliga, con un currículum impresionante, pero que hace su primera actuación como DT principal en París. Y -hay que ser sincero- creo que él no creía que yo podía jugar en Euroliga. Solo estaba jugando la Liga francesa en los primeros meses y viendo casi nada de minutos en Euroliga. Obviamente (estaba) muy bajoneado, porque lo único que quería era jugar Euroliga, demostrar que estoy al mejor nivel europeo. Pero me mantuve listo: sabía que, en algún momento, me iban a necesitar. Entrené muy, muy duro para estas ocasiones y, en un momento, entre enero y febrero, se lesionan varios chicos y tengo que jugar. Y demostré que estaba a la par. Tuve buenos números, jugué bien y, de ahí, entré en la rotación. Jugué muchos minutos y tuve muy buenos partidos. En ese momento creo que se dio cuenta que puedo jugar y ayudar al equipo, que es lo más importante: soy un jugador de equipo. Así que la temporada termina muy bien y, por eso, estoy muy, muy contento porque sí puedo jugar a ese nivel. A todos los jugadores que ven pocos minutos le entran las dudas y hay que ser mentalmente muy fuerte para mantenerse ahí, disciplinado y a la par. Así que también terminÓ orgulloso de haberme mantenido fuerte y ahora entrar a la rotación.

 ¿Odiaba mucho a Splitter en ese en ese tramo de la temporada?

No, nunca lo odié, porque él es tremenda persona. Uno tiene que distinguir al ser humano del entrenador. Saliendo del trabajo, uno es otra persona, y él tiene buenos valores. Es una persona muy simpática y tenía que tomar decisiones basquetbolísticas. Al principio tomó decisiones en contra mía y hay que respetarlas. Al final del día, es el entrenador y, siendo sincero, me siguen pagando el 100 por ciento de mi sueldo, juegue o no. Entonces tengo que seguir siendo un profesional porque así es este trabajo, y por eso nunca tuve nada en contra de él. Sí traté de mejorar mis debilidades, traté de ver en lo que podía mejorar para poder jugar. Lo tomé como un reto: ‘te voy a demostrar que sí puedo jugar’.

Terminó ganándose el Splitter…

Sí, tengo muy buena relación con él. Lo respeto mucho por su carrera como jugador y como entrenador hizo también un tremendo año, y por eso parte ahora como asistente principal a Portland Trail Blazers.

Antes de empezar a perfilar el futuro, para cerrar lo que fue esta temporada en París, revisemos la coronación en la liga francesa, donde tuviste más protagonismo, pese a que en los últimos dos partidos de la serie final no te tocó ser convocado. Salen campeones derrotando al bicampeón nacional y finalista de la Euroliga…

En lo personal, fue una liga muy buena. Jugué la mayoría de los partidos. La regla de la liga francesa es que solo se puede jugar con seis extranjeros y seis franceses. Somos nueve extranjeros en el equipo y fuimos rotando toda la temporada. También hay lesiones. Pero siempre estuve jugando bastante, así como en todos los playoffs, incluidos los primeros tres partidos de las finales. Pero Mónaco también hizo ajustes tácticos en los partidos 3 y 4, hizo cambios y lo planteó de otra forma. En el juego 3, me pegué un golpe de rodilla con rodilla y no quedé muy bien. Y, como nos ganan el partido 3 y el 4, Tiago cambió la alineación, cambió la rotación y el juego 5 no me tocó jugar. No me gustó, pero al final me dio lo mismo, porque quería campeonar de cualquier forma. O sea, soy el co-capitán del equipo, jugué la mayoría de los playoffs, la mayoría de las finales, la mayoría de los partidos… Fui una parte muy importante del equipo. Entonces, si la decisión técnica fue así, la respeto. Pero sí formé una gran parte de este campeonato, así que de verdad nunca pensé o cuestioné por qué hizo esto, sino que estaba muy, muy contento porque ganamos. Y, además, como capitán, alcé la copa… No hay un sentimiento mejor (Pablo Vargas Zec, Prime en Cancha).

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